La prison a la capacité effrayante de laisser ses propres marques indélébiles sur les corps et les esprits de ses résidents.

Impressions de tristesse, de frustration, de violence, d’étouffement, d’impositions. Les portes qui s’ouvrent et se ferment tous les jours en même temps, avec exactement le même son horrible dans un rythme monotone d’une routine assassine qui goutte son venin d’immobilité et de vanité lente et douloureuse.

Une brève description de la distillation de la putréfaction produite par l’incarcération est suffisante pour rendre compréhensible la haine que nous ressentons envers les prisons.

Voilà pourquoi chaque fois qu’une évasion de prison est réussie, chaque fois qu’un agent pénitentiaire reçoit une visite inattendue, chaque fois qu’un directeur de la prison ou un fonctionnaire de police paie le prix de ses choix méprisables, nos cœurs se remplissent d’un sentiment unique de jouissance et de plaisir. Parce que la vengeance de la captivité ne peut aider que dans l’incarnation des attaques constantes contre les représentants de la prison.

Si quelque chose manque aujourd’hui, ce n’est pas le balbutiement inoffensif, mais les choix beaux et courageux des compagnons-nes de créer des actions offensives organisées pour répondre de façon dynamique aux cendres laissées dans le sillage de l’oppression, pour faire respecter l’anarchie contre ses ennemis-es. Ce qu’il manque ce sont les discussions passionnées sur les pratiques nécessaires que nous avons à construire, avec pour objectif la planification de la déstabilisation d’aujourd’hui, de demain et d’aussi longtemps que le monde de l’autorité nous entoure.

Le désiderata, maintenant, pour tou(te)s celleux qui se sentent asphyxié(e)s par le mode de vie contemporain reste un sentiment commun. Pour coordonner et attaquer les tentacules enchevêtrées de l’État, du capital, de la civilisation, de l’apathie sociale et de la misère quotidienne dans les villes. D’innombrables descriptions hostiles d’un hostile modèle de vie, afin de le détruire nous devons inverser sa trajectoire, son mouvement et son rythme haïssable.

La seule façon de mettre une tentative de ce type en mouvement commence à partir de tou(te)s et de chaqu’un(e) de nous de façon individuelle, en faisant taire nos horloges intérieures personnelles afin que nos vies cessent de rouler au rythme que l’autorité nous impose, et à sa place commencer depuis le moment où nous allons à l’offensive, depuis notre désir de voir brûler le monde de l’ordre de nos propres mains en convertissant la solidarité en bois de chauffage qui alimente ce feu.

Parce que la solidarité est une impulsion, c’est l’énergie. C’est la force qui surgit de l’acceptation interne de tou(te)s de faire partie de la confrontation anarchiste contre l’autorité. Admettons que nous puissions finir en captivité demain, à la place d’être en captivité aujourd’hui. Un aveu qui est essentiellement une union indissoluble entre tou(te)s les anarchistes qui se battent contre l’autorité, chaqu’un(e) de la façon dont il / elle choisit. Un lien qui ne doit pas être rompu, malgré toutes les différences personnelles, malgré les désaccords individuels, ce sentiment de complicité est toujours là. Il ne chute pas. Il persiste et prend diverses formes.

Une toile, une affiche, un incendie dans la nuit, le bruit assourdissant d’une explosion, une explosion contre une écume de l’autorité, une action de libération des prisonnier(e)s. Parce que de cette façon, alors seulement, la solidarité est notre arme.

Conspiration des Cellules de Feu / FAI-FRI
Michalis Nikolopoulos
George Nikolopoulos
Panagiotis Argirou
Damianos Bolano
Theofilos Mavropoulos

 

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(Grecia) Mensaje de Conspiración de Células del Fuego/FAI-FRI para el 11 de Junio.

[Traducido por Sin Banderas Ni Fronteras desde Radiofragmata]

« 11 de Junio, día internacional de solidaridad y acción por lxs anarquistas presxs en todo el mundo »

La prisión tiene la capacidad aterradora de dejar sus propias huellas indelebles en los cuerpos y las mentes de sus residentes.

Impresiones de tristeza, frustración, violencia, asfixia, imposiciones. Las puertas que se abren y cierran todos los días al mismo tiempo, con exactamente el mismo sonido horrible en un ritmo monótono de una rutina asesina que gotea su veneno de inmovilidad y vanidad lenta y dolorosamente.

Una breve descripción de la destilación de la putrefacción producida  por el encarcelamiento es suficiente para hacer comprensible el odio que sentimos hacia las prisiones.

Es por eso que cada vez que una fuga de la prisión tiene éxito, cada vez que un funcionario carcelario recibe una visita inesperada, cada vez que un director de prisión o un sargento de policía paga el precio de sus despreciables opciones, nuestros corazones se llenan de una sensación única de disfrute y placer. Porque la venganza por el cautiverio no puede ayudar sino a encontrar su encarnación en los constantes ataques contra los representantes de la prisión.

Si algo falta en nuestros días, no es el balbuceo inofensivo sino las opciones hermosas y valientes de compañerxs con el fin de crear  acciones ofensivas organizadas para responder dinámicamente a las cenizas dejadas a su paso por la opresión, para hacer valer la anarquía contra sus enemigos/as. Faltan conversaciones apasionadas para las necesarias prácticas que tenemos que construir, para la planificación de la desestabilización hoy, mañana y durante el tiempo que el mundo de la autoridad nos rodee.

El desiderátum ahora, para todxs quienes se sienten asfixiadxs por la forma de vida contemporánea sigue siendo común. Para coordinar y atacar los enmarañados tentáculos del Estado, el capital, la civilización, la apatía social y la miseria cotidiana en las ciudades. Incontables descripciones hostiles en un hostil patrón de vida que con el fin de destruirlo tenemos que revertir su paso, su movimiento y su ritmo detestable.

La única manera de poner un intento de este tipo en movimiento comienza a partir de todxs y cada unx de nosotrxs en forma individual, desde la gran opción de poner boca abajo nuestros relojes de arena personales con el fin de que nuestras vidas dejen de rodar con el ritmo que la autoridad nos impone, y en su lugar comenzar desde el momento en que avanzamos en la ofensiva, desde nuestros deseos de ver arder el mundo del orden por nuestras propias manos para convertir la solidaridad en la leña de este fuego.

Porque la solidaridad es un impulso, es energía. Es la fuerza que surge a través de la aceptación interna de que todxs somos parte del enfrentamiento anarquista contra la autoridad. Admitir que podemos terminar en cautiverio mañana, en el lugar de alguien que está en cautiverio en la actualidad. Una admisión que constituye esencialmente una unión indisoluble entre todxs los anarquistas que están luchando contra la autoridad, cada unx con la forma en que él/ella elija. Un vínculo que no debe romperse a pesar de todas las diferencias personales, a pesar de los desacuerdos individuales, ese sentimiento de complicidad siempre está ahí. No se cae hacia atrás. Persiste y adopta diversas formas.

Una lienzo, un afiche, un incendio durante la noche, un ruido ensordecedor de una explosión, una explosión contra alguna escoria de la autoridad, una acción de liberación de prisionerxs. Porque sólo de esta manera, sólo entonces, la solidaridad es de hecho nuestra arma.

Conspiración de Células del Fuego / FAI-FRI
Michalis Nikolopoulos
George Nikolopoulos
Panagiotis Argirou
Damianos Bolano
Theofilos Mavropoulos